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Tu primer encendido, bien hecho
La primera vez que enciendes una vela decide cómo arderá el resto de su vida. Dale dos horas.
La primera vez que enciendes una vela decide cómo arderá el resto de su vida. La cera tiene una especie de memoria: en cada encendido, el charco de cera fundida tiende a detenerse donde se detuvo la vez anterior. Si apagas una vela nueva a los veinte minutos, excavará un túnel estrecho por el centro y dejará un anillo de cera sin usar junto a la pared.
Dale tiempo
En el primer encendido, deja la vela encendida hasta que el charco de cera fundida llegue al borde, o casi. En nuestras velas en vaso eso lleva unas dos horas; en un pilar de 7 cm, calcula entre dos y tres. Elige una tarde en la que vayas a estar en la habitación todo el tiempo.
La cera de abeja se funde a unos 63 °C, una temperatura más alta que la de la parafina o la soja, y por eso arde tan despacio. También significa que el charco se extiende de forma gradual. Ten paciencia: el borde suele alcanzarse en la última media hora.

Antes de encenderla
- Corta la mecha de algodón a unos 5 mm. Una mecha larga da una llama alta y con humo.
- Coloca la vela sobre una superficie plana y resistente al calor, lejos de corrientes de aire, cortinas y estantes situados encima.
- Enciende la mecha cerca de la base, para que la llama alcance la cera enseguida.
Después
Apaga la llama con un apagavelas, o sumerge la mecha en la cera fundida y vuelve a enderezarla. Deja que la vela se enfríe por completo antes de moverla: la cera de abeja líquida conserva el calor durante un buen rato.
A partir del segundo encendido, procura mantenerla encendida de una a tres horas cada vez, y nunca más de cuatro. Si la llama crece demasiado o empieza a parpadear, apágala, corta la mecha y vuelve a encenderla.
Una vela recuerda su primer encendido. Dale dos horas.
Con los pilares es algo distinto
Una vela pilar sin recipiente no siempre se funde hasta el borde exterior, y no debe hacerlo: esa fina pared exterior es la que contiene el charco. Si con el tiempo se forma un reborde, presiónalo con suavidad hacia dentro mientras la cera sigue caliente y blanda. Alimentará la llama y hará que la vela siga ardiendo de forma uniforme.
Si tu vela muestra una suave película blanca en la superficie, es la eflorescencia, una señal natural de la cera de abeja pura. Pásale un paño suave y el dorado vuelve.
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