Orígenes3 min de lectura
Una mañana en la colmena
Antes de la cera, antes de la mecha: una visita al amanecer a los pequeños colmenares donde empieza cada vela.
Los apicultores empiezan temprano. Antes de que caliente el día, casi toda la colonia sigue dentro y las abejas están tranquilas. A las seis y media el ahumador ya está encendido, el velo puesto, y la primera tapa se levanta con el leve crujido del propóleo al ceder.
Cada vela que hacemos empieza aquí, mucho antes de que nadie piense en mechas. Compramos nuestra cera a pequeños apicultores europeos, la mayoría con unas pocas docenas de colmenas, algunos con solo una docena. Los visitamos siempre que podemos. Así es una de esas mañanas.
Abrir la colmena
El humo se usa con mesura: unas pocas bocanadas en la piquera y bajo la tapa bastan para mantener a las abejas tranquilas. Los cuadros salen de uno en uno, se levantan a contraluz y se giran despacio. Cada uno cuenta algo de la colonia: cuánta cría hay, si la reina está poniendo, cuánta miel se ha almacenado.
Las alzas de arriba guardan la miel. En una buena semana, sus cuadros pesan y están sellados con una capa pálida de cera fresca: los opérculos. Esa fina capa es lo que hemos venido a buscar.

De dónde viene la cera
Las abejas producen la cera en unas pequeñas glándulas situadas en la parte inferior del abdomen. Aparece en forma de diminutas escamas transparentes, que mastican y moldean hasta formar el panal. Hace falta muchísimo néctar: los apicultores suelen hablar de seis a ocho kilos de miel por cada kilo de cera. Nada en ella es rápido, y por eso la cera de abeja siempre ha sido tan preciada.
Al cosechar la miel, se cortan los opérculos para abrir las celdas. La miel sale y los opérculos se quedan. Fundidos, filtrados y moldeados en bloques, se convierten en la cera dorada y limpia que vertemos. Los panales viejos de cría, más oscuros y pesados, se quedan en el propio ciclo del apicultor y nunca acaban en nuestras velas.
Cada vela empieza con un cuadro levantado a la luz de la mañana.
Lo que pedimos
No certificamos a nadie por nuestra cuenta, y preferimos no fingir que lo hacemos. Lo que buscamos es sencillo, y lo comprobamos en persona.
- Cera de opérculos de miel, no de panales viejos de cría.
- Solo cera de abeja pura: sin parafina ni mezclas, comprobada en cada lote que recibimos.
- Suficiente miel en la colmena para que las abejas pasen el invierno.
- Apicultores a los que conocemos por su nombre, junto a cuyas colmenas hemos estado.
Ladera abajo
A las nueve el sol ya da en las colmenas y las abejas vuelan en gran número. Las tapas vuelven a su sitio, el ahumador se apaga en un cubo de arena y hay café en la furgoneta. Los opérculos se fundirán y filtrarán en las semanas siguientes, y los bloques se enviarán a nuestro taller, donde vuelve a empezar la parte lenta.
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